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Amarte significa a veces alejarte

¿Una alternativa única?

En estos tiempos convulsos, repletos de luces y sombras que etiquetamos sin parar, llevamos años iniciando y sosteniendo nuevas alternativas destinadas a enfocar tanto los conflictos internos como las situaciones ya vencidas. Algunos de nosotros nos dedicamos  a difundir o impartir terapias u otras alternativas metafísicas como apoyo frente a los problemas cotidianos que nos acechan en el día a día. Esta situación puede derivar en ocasiones en  caer en una sutil trampa orquestada muchas veces por condicionantes externos, en los que tendemos a enfocar toda la atención y la solución de multitud de problemas utilizando diversas técnicas de sanación, muchas de ellas con excelentes resultados.

Conocemos el valor de la aceptación, la práctica del  agradecimiento o la reeducación de la mente.

La importancia de ser empíricos al mismo tiempo que aprendemos a transcender las circunstancias que se van sucediendo en el guión de la vida. Todo destinado a “Recomponer  todo lo que está escacharrado”.

Podemos enumerar una multitud de disciplinas enfocadas hacia el bienestar, Sin embargo la intención de este artículo es la de recuperar la importancia de los “NO”, del sentido común y de los límites. Es perfectamente legítimo y útil no aceptar situaciones poco beneficiosas para nuestra felicidad.

Forma parte de nuestra higiene espiritual y mental no solo enfrentar situaciones desagradables y detestarlas, sino también basar parte de las decisiones de tomamos cada día en plantarnos frente a experiencias que no nos nutren. ¿Existe alguna ley que me obligue a resolver lo que no quiero abordar? ¿Verme obligado a participar en lo que no me incumbe? Si no quieres introducir las manos en el barro y ensuciarte hasta las cejas, ¿Por qué habrías de hacerlo? ¿Es necesario pasar por un túnel de sufrimiento para crecer como persona? O parafraseando a Louise Hay;”Si te lanzaran una patata caliente, la sostendrías entre tus manos? ¿Por qué habrías de cogerla, simplemente?” La realidad es que puedes optar por no hacerlo.

Es rigurosamente cierto que buscar tu centro, la armonía y el equilibrio así como utilizar hábitos de resolución de problemas cotidianos te va a otorgar paz y amor. Pero tal vez nos olvidamos del buen uso de otros métodos como el sentido común, no hacer nada o poner límites ante una situación indeseable.

Comentaré extendidamente en otra ocasión el inmenso valor del sentido común y del “No hacer”, porque merecen una reflexión específica.

 

El valor terapéutico de “Los NOS”

Ahora prefiero centrarme en los límites o los “NOS” como útiles barreras infranqueables que nos dan poder y nos hacen fuertes.
Podemos considerar poner límites, no entrar donde no queremos y decir NO rotundamente como útiles herramientas terapéuticas y de superación personal.
A veces no hay nada que hacer, creencia que cambiar o vivencia que transcender. En ocasiones lo adecuado para nosotros no consiste en utilizar el agradecimiento, buscar la armonía o meditar una respuesta. Ni la solución está en realizar una sesión terapéutica para enfrentar lo que nos perturba. Todas estas herramientas son muy deseables para nuestro crecimiento y lo que hagamos en esa dirección dará siempre sus frutos, cierto es. Pero es mejor que nos escuchemos antes de ejecutar cualquier acción, porque dentro tenemos todas las respuestas y nunca son automáticas. Dependen de lo que necesitemos aprender y experimentar en cada momento.
Recuperemos también la fortaleza del No. Porque muchísimas veces nos complicamos la vida innecesariamente cuando tenemos perfectamente trazado el camino delante de nosotros.

 

En multitud de ocasiones habrás encontrado un montón de basura tirada en la calle. Tiene un aspecto horrible, lo rodean moscas y huele mal. Al pasar por delante te tapas la nariz e incluso aceleras para salir lo antes posible de esa situación desagradable y seguir con tu vida. ¿La recuerdas un minuto después? ¿Se la comunicas a todo el mundo o pones una denuncia en un juzgado? ¿Te irritas o necesitas terapia para resolverla por temor a que te origine un trauma? ¿Merece tu atención más allá de considerarlo como un tropiezo desagradable en tu camino? Es similar a la rotura de un vaso o que te irrumpa en los oídos el sonido de una alarma durante un par de minutos. Sencillamente no le das importancia porque para ti es una insignificancia.

 

Lo que defiendo es que muchas de las cosas que nos pasan nos merecen la misma atención que ese montón de basura acumulada en un rincón.

Y que las complicamos muchísimo al prestarles demasiada atención cuando podríamos optar simplemente por alejarnos, sin más. O por no regresar jamás a esa situación que nos molesta, ¿por qué experimentar lo que nos hace sentir mal?
Parte de la vida es caminar, encontrarte corotos, poner límites y seguir avanzando. Una piedrecita en el sendero carece de valor. No es digna de perturbación y ni siquiera merece la pena irritarse por ello.

La otra cara de esta misma moneda son esas mismas situaciones engrandecidas; las que perturban y hacen daño, pero que solo pueden lograrlo si tú se lo permites. Nada más. Por ejemplo la exposición reiterada de una situación desagradable para ti, obligarte a realizar una actividad que detestas o relacionarte con personas que te hacen sentir incomodidad. Por supuesto incluiremos en este apartado todo lo que te resulta humillante, denigrante o que sin más toleras mal.

 

Amarte significa a veces alejarte

Vale, voy a proponer un secreto antiquísimo que da excelentes resultados; Amarte. Y en este caso Amarte significa Alejarte. Sin más. ¿Por qué razón habrías de quedarte un día entero pegado a un montón de basura? Por el mismo motivo que tu mejor alianza contigo es cuidarte, lo que incluye no exponerte a lo que no te conviene, limita, daña o empobrece.

Existen cientos de métodos como apuntábamos antes. Sólidos. Fuertes, que te hacen responsabilizarte de tu realidad, aprender a enfocar tu mente o agradecer incluso lo que consideras menos bueno dentro de tu existencia.

 

 Todo lo que pueda apoyarte es una bendición.

Por lo tanto te mereces incluirlo en el mapa de tu vida. Sin embargo hemos olvidado parcial o totalmente la simpleza de lo cotidiano, enfocado en este caso como un No rotundo, alejarse o poner las necesarias barreras. Y no estoy hablando de no enfrentar las situaciones, no asumirlas o no responsabilizarse. No es esa la intención del artículo. Sino la de añadir un valor obvio, olvidado; en ocasiones por fidelidad emocional, falta de amor a nosotros mismos o la creencia de que únicamente asumiendo y trabajando interiormente un problema lo podemos transcender y solucionar. Ese valor es amarnos y utilizar el puro sentido común. No es nada nuevo ni difícil de realizar. Es tan fácil como el de entender un símil:

 

Si estuvieras frente a un barranco, ¿te precipitarías por él? Difícilmente lo harías si estuvieras en tu sano juicio.

 

Pues piensa en pequeños barrancos cotidianos que no te exigen ni terapia, ni análisis complicados ni sacrificio alguno. Sólo necesitas rodearlos y seguir tu camino, sin que merezcan ni una pizca más de tu atención. La libertad, a veces consiste en dar esquinazo a situaciones dañinas para nosotros sin preguntarnos en qué medida será bueno, razonable o deseable. Sin analizar sus pros y sus contras. Porque no merece la pena la disquisición. Lo más inteligente que podemos hacer es ignorarlo y seguir con nuestra vida. No somos opacidad ni nos debemos a las exigencias mundanas.

 

El viento sopla a nuestro favor cuando nos enfocamos en ser emisarios del amor e irradiamos la luz brillante que nace en nuestro interior.

 

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